viernes, 10 de febrero de 2012

PIÉNSALO UN INSTANTE

¿Cuánto tiempo dura un instante?
Menos de lo que tardamos en pronunciar la palabra que lo define: INSTANTE.
¿Cuántas cosas caben en un instante? ¿qué valor tiene ese instante? ...

La germinación de una semilla ocurre en un solo instante. La VIDA aparece en un instante.
Las yemas brotan en las ramas de los árboles en un solo instante de FORTALEZA.
Florece el cerezo en un instante de TERNURA, de AMOR.
Fructifica en un instante de ENTREGA.
Y el momento de senectud, de decadencia, también se hace visible en un solo instante, el de la caída de las hojas, el instante de mayor VALENTÍA, en el que se pierde todo lo que se posee y se deja paso, en un instante, al futuro, a la ESPERANZA.

Un instante, dos, tres, ... resumen de la historia del que, instante a instante, nos da la vida: EL ÁRBOL.
¿Qué valor le damos al árbol? ¿cuánto vale? ¿cuánto cuesta?

El suelo que sujeta con sus raíces, el aire que renueva, el refugio que aporta a los demás, el alimento que pone a disposición de otros, y tantas materias primas que nos sirven para tantas cosas útiles ...
Metros cúbicos, o cuadrados, litros, gramos ... ¿podemos valorarlo?.
Seguro que sí. Es el valor extrínseco del árbol. Pero ¿y el valor intrínseco, el valor añadido, tan difícil de cuantificar?
El placer de descansar a la sombra de una encina.
El disfrute de pasear bajo los tilos.
La alegría al contemplar los almendros en flor.
La emoción ante la policromía de las hojas del hayedo en otoño.
La tranquilidad del sonido del viento silbando entre las ramas del aliso.
El cobijo, el calor, el refugio ... ¿cuánto vale?

No hace falta conocer su valor. Basta con saber que si no está, perdemos TODO.
Piénsalo un INSTANTE ... se lo debes. Él dispone de muchos instantes para tí.

GRUPO DE ECOESCUELAS DEL IES ALONSO DE ERCILLA.

jueves, 2 de febrero de 2012


Árbol, buen árbol, que tras la borrasca
te erguiste en desnudez y desaliento,
sobre una gran alfombra de hojarasca
que removía indiferente el viento...
 
Hoy he visto en tus ramas la primera
hoja verde, mojada de rocío,
como un regalo de la primavera,
buen árbol del estío.
 
Y en esa verde punta
que está brotando en ti de no sé dónde,
hay algo que en silencio me pregunta
o silenciosamente me responde.

Sí, buen árbol; ya he visto como truecas
el fango en flor, y sé lo que me dices;
ya sé que con tus propias hojas secas
se han nutrido de nuevo tus raíces.
 
Y así también un día,
este amor que murió calladamente,
renacerá de mi melancolía
en otro amor, igual y diferente.
 
No; tu augurio risueño,
tu instinto vegetal no se equivoca:
Soñaré en otra almohada el mismo sueño,
y daré el mismo beso en otra boca.


Y, en cordial semejanza,
buen árbol, quizá pronto te recuerde,
cuando brote en mi vida una esperanza
que se parezca un poco a tu hoja verde...




José Ángel Buesa.

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